Los aficionados al fitness en particular y a la actividad física en general habrán oído hablar alguna vez del término “memoria muscular”, una característica de los tejidos musculares del cuerpo humano que están estrechamente relacionados con la efectividad de los mismos a la hora de realizar ciertas acciones. Pero, ¿qué es la memoria muscular exactamente? ¿Qué papel desempeña en el desarrollo físico y cómo puede ser mejorada?

¿Qué es la memoria muscular?

La memoria muscular es el concepto con el que se hace referencia a la capacidad de los músculos de recuperar el rendimiento perdido en un periodo de inactividad para realizar una acción concreta de una manera mucho más eficiente.

Debido a esto, el papel que juega esta característica de las fibras musculares en el deporte es primordial para mantener el rendimiento de los deportistas, sobre todo en el caso de los de alto nivel, ya que esta capacidad de los músculos permite mejorar el rendimiento físico.

Si te dedicas a realizar ciertas actividades deportivas de manera recurrente y/o pretendes dar el salto al campo competitivo de una actividad concreta, conocer qué es la memoria muscular, cómo funciona y qué implicaciones tiene saber mejorarla son aspectos que pueden tener una incidencia enorme en el devenir de tu trayectoria.

Aunque la memoria muscular está muy asociada a deportistas y atletas, no es una característica exclusiva de ellos. Cualquier persona puede haber desarrollado un mayor o menor grado de memoria muscular en una actividad en concreto, y no tiene por qué estar relacionada con el deporte.

Ciertas actividades, como escribir a ordenador sin mirar el teclado, escribir por inercia en el teclado de la pantalla táctil del smartphone o tocar un instrumento musical se realizan mejor con el tiempo con la práctica, cuando los músculos han adquirido el hábito de realizar esa actividad específica. Eso es lo que conocemos como memoria muscular.

Memoria muscular: cómo funciona y qué papel desempeña en el organismo

La creencia popular hasta hace unos años afirmaba que, si un sujeto se había dedicado a realizar algunas actividades físicas y después paraba de hacerlas, los músculos se atrofiaban y jamás podrían recuperar el rendimiento máximo alcanzado. Pero la cuestión de la atrofia muscular también ha dejado en entredicho esta afirmación.

Y es que, a propósito de esta cuestión, está ampliamente aceptado eso no es exactamente así, ya que existen indicios de que no solo no existen carencias que impidan al músculo volver a desarrollarse de manera idéntica si cuenta con las mismas cualidades, sino que sería incluso capaz de hacerlo en menos tiempo.

En base a esto, se afirma que es la memoria muscular la que nos ayuda a retomar las rutinas deportivas tras un periodo de abstinencia, lo que es vital para volver a alcanzar el rendimiento pico en menos tiempo tras retomar las rutinas.

Hasta hace poco, hablar de la memoria muscular y cómo funciona parecía poco menos que dar pábulo a un mito. Sin embargo, el tiempo ha acabado dando la razón a los que creían en la presencia de un tipo de capacidad del cuerpo humano de mejorar sus capacidades físicas para acelerar la recuperación.

La prestigiosa revista Scientific Reports de Nature publicaba hace unos años una investigación con datos relevantes tanto en las implicaciones como en otros aspectos relevantes, como mejorar la memoria muscular y conocer el alcance total de los agentes implicados en el organismo. El equipo encargado de las investigaciones pertenece a la Universidad de Keele, en Reino Unido, y sostenía que el músculo esquelético humano tiene memoria epigenética, determinada por un crecimiento más temprano.

Este sería el responsable de permitir que el cuerpo gozase de una recuperación mucho más rápida, lo que afectaría al desarrollo muscular y a la desaparición de la atrofia y permitiría enfocarse en otras actividades con implicaciones de las fibras afectadas, lo que sería determinante para aspectos como mejorar la memoria muscular o expandir el límite de rendimiento de las fibras del músculo.

En este sentido, cabe mencionar que han salido a la luz numerosas investigaciones alternativas que han estudiado las implicaciones de la memoria muscular y sus efectos sobre el organismo. Sus conclusiones discrepan de las publicadas por el equipo de Keele.

Por ejemplo, el biólogo Kristian Gundersen es defensor del aumento de los mionúcleos, unos núcleos que se encuentran en el centro de cada fibra muscular y que podrían dar una respuesta más afinada acerca de qué es la memoria muscular, cómo funciona exactamente y de qué forma puede utilizarse en provecho del rendimiento de un sujeto determinado.

Cómo mejorar la memoria muscular

Existe cierta unanimidad en señalar a las rutinas de entrenamiento como las responsables del desarrollo de la memoria muscular. En este sentido, es imprescindible realizar una actividad física con regularidad y con una intensidad mantenida en el tiempo para que los músculos empiecen a desarrollar una coordinación máxima, mejoren el rendimiento y actúen antes de que el cerebro dé la orden de ejecución a las células implicadas.

No obstante, algunas personas, sobre todo deportistas de alto nivel, se preguntan cómo mejorar la memoria muscular manteniendo la intensidad en sus rutinas físicas para alcanzar su rendimiento pico.

Es fundamental contar con un equipo especializado que sea capaz de elaborar unas rutinas de ejercicios apropiadas para mantener activos los músculos mientras estos empiezan a habituarse a las dinámicas seguidas por el sujeto.

Por tanto, la mejor manera de mejorar la memoria muscular es mantener el entrenamiento por un periodo largo de tiempo, eventualmente de manera indefinida, con el fin de que los músculos se adapten del todo a la actividad física realizada, permitiendo obtener mejores resultados cada vez y asegurando, además, alcanzar el rendimiento pico en caso de pausa o abandono momentáneo que desemboque en una pérdida de forma física.

Factores relacionados con el desarrollo de la memoria muscular

Todos los expertos en actividad física y desarrollo insisten en que en la mejora del rendimiento están implicados tres tipos de factores: los físicos, los psicológicos y los orgánicos.

Los factores físicos tienen que ver con la edad, un factor que establece los límites en las capacidades del cuerpo para alcanzar un rendimiento determinado. La edad comprendida entre los 24 y los 34 años es la idónea para desarrollar las capacidades físicas completas, momento en el cual la memoria muscular puede aumentar sensiblemente el rendimiento físico del sujeto.

En cuanto a los factores psicológicos, aquí entran en juego aspectos como la seguridad en uno mismo, la autoestima y la capacidad de autosugestión, todos ellos pilares fundamentales para alcanzar el rendimiento pico durante las sesiones de entrenamiento.

Por su parte, los factores orgánicos están relacionados con el estado del cuerpo, el desarrollo celular, las conexiones neuronales y todo lo relacionado con la coordinación mente – cuerpo para alcanzar un nivel de sincronización excepcional. Esta clase de factores es especialmente importante cuando se busca mejorar un aspecto concreto de enorme relevancia en la realización de una actividad física particular, como es el caso de los conocidos como “reflejos”.